Convicción y valentía I

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“Si algún ignorante de las ciencias matemáticas se atreve a reprobar este libro porque contradice algún pasaje de la Sagrada Escritura, que ha miserablemente interpretado en contra nuestra, le desprecio y ni tan sólo paro atención a su juicio. Lo que he escrito aquí, lo someto principalmente a Vuestra Santidad y después al juicio de los entendidos en matemáticas…” Estas son las esclarecidas palabras con las que Copérnico dedicaba al Papa Paulo III su obra magna De Revolutionibus Orbium coelestium libri sex, impreso en Nuremberg en el año 1543. Es digno de admiración, que en aquellos tiempos tan oscuros, alguien tuviera la valentía de creer firmemente en sus convicciones más profundas pasando por alto las dramáticas consecuencias que podrían suceder. Por suerte para Copérnico, la muerte natural le visitó pocas semanas después de haberse publicado su obra…

Copernico

Quien tampoco tuvo que lidiar con procesos inquisidores ni fanáticos fue, años más tarde, Johannes Kepler, que también se despachaba a gusto en su obra Harmonices Mundi, “Lo que profeticé hace veintidós años, cuando descubrí las relaciones de los cinco cuerpos geométricos regulares y los cuerpos celestes, por fin lo he conseguido. Para lograrlo fui a reunirme con Tycho Brahe, en Praga, y he dedicado la mayor parte de mi vida a las observaciones astronómicas. Pero hace tan sólo dieciocho meses que el primer rayo de luz iluminó mi mente; fue sólo hace tres meses cuando empecé a verlo claro, y sólo hace pocos días que la verdad entera brilla para mí. Nadie puede ya detenerme. He triunfado, llevando los vasos de oro de los egipcios al tabernáculo que he erigido para mi Dios. Si me perdonáis, me alegraré; si me condenáis, no me importa. La suerte está echada, el libro está escrito. ¿Qué diferencia puede haber entre que se lea ahora o que lo lean las generaciones futuras? Acaso tendré que esperar un siglo para conseguir un lector; Dios ha tenido que esperar seis mil años para que un hombre llegara a comprender sus leyes“.

Así quedó escrito por los siglos de los siglos, y leyéndolo ahora es evidente que la valentía de estos autores, y quizás también, por qué no decirlo, su chulería, denotan un convencimiento total con la obra de toda su vida. Fue su entrega profunda a la difusión de una idea, lo que actuó de eje primordial en sus vidas, obviando consideraciones económicas o políticas de la época. Y no creo que en esos tiempos ello fuera más fácil que ahora (Galileo no salió de rositas…). Sin embargo encuentro que en estos momentos nos cuesta mucho más definir claramente nuestras ideas. Y por claramente considero que no debería tener cabida tanto esfuerzo por revestirlas de aquellos complementos, intoxicaciones, disfraces y vaguedades que nos hacen perder el norte cuando queremos expresarnos.

Quizás por querer quedar bien con todo el mundo, lo que ya sabemos que es del todo imposible, o no significarnos demasiado para así pasar desapercibidos y no crear problemas, dejamos de mostrarnos tal como somos, con claridad diáfana, con transparencia. Lo “políticamente correcto” nos coarta en gran medida a la hora de comunicarnos con los demás y esto es especialmente problemático con algunas profesiones que mueven opinión entre las masas. En nuestra vida personal nosotros decidimos hasta donde queremos mostrarnos, qué nos protege o qué queremos/necesitamos esconder. Pero un personaje público, un periodista, o un político sabe que es escuchado por mucha gente y que es modelo e incluso ídolo de muchas personas. Entiendo que puedan tener opinión y expresarla públicamente sobre cualquier tema, sólo faltaría, nos guste más o menos lo que dicen. Pero lo que resulta realmente incomprensible es que sus opiniones puedan variar dependiendo de a qué partido político pertenecen, en qué diario escriben, o qué productora les ha contratado. Que yo sepa a eso no se le puede llamar democracia, porque no es necesario que un gobierno imponga sus normas morales o su ideario político de forma obligatoria como ocurre en las tiranías (pasadas, presentes y futuras). Tan sólo hace falta que libremente nosotros mismos nos sometamos a Otro ( el partido, el diario, la productora) olvidando nuestra propia voluntad. Y si en nuestra sociedad aparentemente no es obligatorio (porque estamos en democracia…), ¿por qué lo hacemos?¿qué nos impide ser libres de verdad? Yo no tengo respuesta. Y si la única excusa que tenemos es que necesitamos un trabajo para ganar dinero deberíamos hacérnoslo mirar…

La mayor fuente de ingresos de Kepler era la observación de los astros para redactar horóscopos. A diferencia de Copérnico no tuvo una vida fácil en lo económico y tuvo que recurrir a trabajos menores aunque no contradictorios, por lo que tampoco se le caían los anillos: “Madre Astronomía, moriría de hambre si hermana Astrología no ganara el pan…“. A pesar de eso, finalmente nada ni nadie le impidió investigar, sacar sus conclusiones y publicarlas para asombro de todos. Tuvo la valentía y el coraje, en unos tiempos difíciles, de no abandonar sus más íntimas convicciones y mostrarlas al mundo.

El tema de la convicción lo dejo para el siguiente post…

De nuevo septiembre: empezar por la cocina

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Llega septiembre, una vez más, y aunque ya no empecemos ningún curso escolar, nos enfrentamos de nuevo a la vida como un nuevo comienzo. Después de un paréntesis con otros ritmos y otras rutinas, volvemos a la cotidianidad más doméstica. Para afrontar este nuevo inicio con fuerzas y energías renovadas (o al menos, no perder de golpe todo lo que hemos descansado durante algunos días de relax estival…) nada mejor que renovar también nuestros hábitos más comunes. Volvemos a imponer horarios, dietas, trabajos… ¿por qué no realizarlos de una manera diferente?

Os propongo un ejercicio básico de Feng Shui: HACER VACÍO EN CASA, que significa vivir nuestro hogar con menos cosas, con menos ruido, en definitiva, simplificar para llegar a la esencia de lo imprescindible.

Ahora que se acerca el otoño, y puede que tengamos un bajón en la energía, es vital garantizar una nutrición correcta y reforzar nuestras defensas. Es por ello que empezaremos a trabajar en la zona donde fabricamos nuestras comidas, donde almacenamos los alimentos, y donde deberíamos pasar ratos estupendos disfrutando de nuestra relación vital con la comida: cocinar para las personas a quién amamos, degustar un plato nuevo, conocer un nuevo producto del mercado, elaborar un plato juntos, disfrutar del aroma de un bizcocho recién hecho,… A veces es difícil imaginar que todas estas actividades tengan cabida en nuestra cocina. Muchos días es un puro trámite calentar algo en el microondas y recoger los platos sucios por si hay visitas…

Vamos a intentar enriquecer el especio destinado a la COCINA en nuestro hogar (¡por pequeño que éste sea!). Tomaremos la perspectiva de crear un espacio de convivencia y de disfrute y no, como es muy habitual, de obligaciones, rutinas, suciedad y hastío.

La parte gastronómica la dejo para otros profesionales, como por ejemplo mi amiga Gema Santiago, personal shopper gastronómica (http://www.divinossabores.com/). Desde aquí tan solo quiero daros algunas pinceladas y consejos que os pueden facilitar la tarea de la mano del Feng Shui.

Y como no hay mejor consejo que la experiencia propia, este fin de semana me enfrenté a mi propia cocina. Mi cocina es más bien pequeña, con muebles altos (¡muy altos!, para el segundo estante me tengo que subir a un taburete) y bajos a lo largo de una sola pared. El espacio que queda es muy estrecho, pero suficiente para poder acomodar una mesa auxiliar (con alas abatibles, muy útil cuando la mesa del comedor no da más de sí, y que incorpora dos taburetes plegables) y mi fiel taburete-asiento que me auxilia cuando tengo que acceder a los estantes más altos.

Manos a la obra. Con todas las puertas de los armarios abiertas, emprendí diferentes tareas:

– En los armarios donde se guarda comida, revisar las fechas de caducidad y colocar los alimentos de manera que los productos más antiguos queden más a mano. Evidentemente, tirar los alimentos caducados y apuntar en una lista aquellos imprescindibles que actualmente no están en stock. O lo que es lo mismo, hacer la lista de la compra.
También es importante establecer cierto orden lógico en cómo ubicamos los alimentos. Por ejemplo yo tengo una zona de desayunos-café (cereales, galletas, azúcar, café, etc.), otra de latas y conservas (aperitivos, para cocinar), otra de productos a granel para cocinar (arroz, legumbres, pasta, harina, etc.), el estante de los postres (levadura en polvo, harinas especiales, gelatina, etc.), el armario de las bebidas (refrescos, vino, leche, agua, etc.). Vosotros mismos sabéis vuestras costumbres, así que nunca es tarde para hacer un esquema de vuestras preferencias dependiendo de lo que utilicéis diariamente o bien de manera puntual. En cada zona, por supuesto, ubicar los productos que utilizamos más a menudo de manera que podamos acceder más fácilmente.

– Lo mismo en la nevera y el congelador. Sí, hay una fiambrera que lleva más de un año congelada… mejor tirar su contenido sin mirarlo siquiera. En la nevera es más evidente detectar alimentos en mal estado, y es una revisión que solemos hacer cada semana. No obstante, de manera más profunda, también es conveniente revisar que todo funcione correctamente y que no haya escarcha. Reparar esa luz que no funciona al abrir la puerta del frigorífico, o aquel estante roto que no hemos repuesto.

– Pasamos a los objetos que necesitamos para cocinar. En primer lugar vamos a sacar de nuestra cocina (y de nuestra vida) aquellos objetos que no utilizamos, que están rotos, que guardamos “por si acaso” y que en ese afán de ser precavidos, nos están impidiendo hacer un uso fácil y simple de nuestro espacio. Vamos a hacer vacío.

Me he encontrado objetos duplicados, multitud de tarros vacíos que llevo guardando durante años en previsión de ¿qué?, un pequeño electrodoméstico que no funciona, regalos que no uso, etc. Por su culpa hasta ahora me he estado moviendo con armarios atestados hasta los topes, con objetos en segundas y terceras filas y pisos, lo cual no es muy práctico y me impide saber rápidamente dónde están las cosas, y lo más importante, ¿qué cosas tengo?

Todo esto ha desaparecido de mi cocina para siempre.

Ahora toca reflexionar sobre qué hacer con toda esta morralla que guardamos sin saber por qué, y de la que nos hemos liberado de pronto, quitándonos presión (a nosotros mismos y a nuestros armarios).
En mi caso, una vez hecha la operación de REducir, he llevado a REciclar botes de vidrio, y fiambreras viejas de plástico. También voy a REutilizar algunos elementos: he reservado para limpiar algunos botes iguales que me servirán para clasificar objetos pequeños de costura por ejemplo (pensaba comprar algún tipo de cajón con compartimentos, y estos botes serán ideales. Al no comprar algo nuevo, vuelvo a REducir). He aprovechado algunos recipientes de plástico que tenía guardados y que habían servido para almacenar alimentos a granel, para guardar moldes para hacer galletas. Son varios recipientes iguales, que se pueden apilar, y que además dejan a la vista su contenido, lo que resulta muy práctico. Nada que ver con el laberinto que tenía que recorrer para acceder a algunos moldes específicos.
He recordado que antes era mucho más habitual esto de REutilizar, aunque ahora también se esté poniendo de moda (Re-use, second life, etc.) y me ha venido a la cabeza la imagen de los botes de Colacao antiguos (los de paredes verticales rectas, no los curvilíneos de ahora) que servían de portalápices en clase de dibujo. Creo recordar incluso su aroma persistente…
También REgalaré algunos cachivaches que están en perfecto estado a unos familiares que están decorando una segunda residencia. Al evitar comprar estos elementos en su nueva cocina, volvemos a REducir entre todos.
Quería REparar el pequeño electrodoméstico roto, pero no vale la pena por el coste de la maquinaria y la mano de obra. Además, se trata de una panificadora eléctrica, y últimamente me doy bastante maña haciendo el pan a mano. Lo que me sirve para seguir REduciendo en consumo eléctrico. Evidentemente, llevaré el electrodoméstico al punto de REciclaje del barrio.

Los objetos han sido agrupados según su destino: Bolsa con utensilios para REGALAR, bolsas con recipientes para RECICLAR y un buen remojo para limpiar las etiquetas de los botes que voy a REUITILIZAR.

Es decisión vuestra hasta dónde queréis llegar con el vacío. No es cuestión de ponerse a tirar la casa por la ventana. Debe ser una reflexión meditada sobre lo que vale la pena seguir guardando y lo que no. Puede que tengáis una taza de desayuno especial y que no utilicéis para evitar que se rompa porque se trata de un regalo de vuestro hijo pequeño, que os la ha decorado con todo su amor. No os vais a deshacer de ella, aunque quizás haya llegado el momento de poner en valor esos sentimientos y utilizarla cada día. Seguro que empezáis el día con más de una sonrisa.

– Por último probad a REPENSAR si tenéis los utensilios guardados en la ubicación óptima para el funcionamiento de la cocina. Puede ser útil sacar todos los elementos de los armarios (para así limpiar de paso el interior de los armarios) y hacernos una idea del espacio del que disponemos. Podéis agrupar los cacharros clasificados según su función (para ello vais a colonizar el espacio que necesitéis fuera de la cocina, tan solo será un día como mucho para pedir paciencia a la familia…) y al mismo tiempo observar el espacio que tenéis en la cocina, y aquellos armarios y/o cajones que son más accesibles. Entonces, a modo de pasatiempo, tendréis que relacionar cada función con cada compartimiento de la cocina, atendiendo a su tamaño, claro está, y a la periodicidad con que la necesitáis. Quizás os dais cuenta de que hay un utensilio que os encanta (o que puede que hayáis olvidado que teníais) que apenas utilizáis porque os resulta muy incómodo de coger. O bien que tenéis al alcance de la mano cacharros que utilizáis muy de tarde en tarde.

Tratad de hacer este ejercicio con la máxima objetividad posible y sin dejaros caer en la tentación de las costumbres adquiridas por el tiempo. Estamos en septiembre, y algo positivo de este mes es que nos da la oportunidad de comenzar de nuevo de manera diferente. No desaprovechéis la oportunidad y realizad este ejercicio de vez en cuando. Por qué no cada septiembre, cada enero, cada vez que emprendáis un reto personal en vuestra vida, después de un mal momento,… En el fondo, si lo practicáis a conciencia, esta simple actividad os puede dar información sobre vosotros mismos. Sí, sí, puede que el desorden se haya instalado en vuestro hogar, pero en la mayoría de los casos, el desorden somos nosotros mismos, y lo trasladamos a todo lo que tocamos. Reflexionad sobre el orden y la armonía en vuestra cocina y si existe alguna equivalencia con algún desorden o malestar en vuestra alimentación por ejemplo. Tanto la enfermedad como nuestro entorno no son más que un reflejo de nosotros mismos. De existir algún problema, para lo primero existen multitud de remedios y terapias, además de la medicina, evidentemente. Para la segundo tenemos la ayuda del Feng Shui. No penséis que el Feng Shui es una técnica más de decoración. Su función es mucho más profunda y enriquecedora. Espero poder transmitirlo de manera que os resulte útil a través de este blog.

Bienvenidos a un nuevo comienzo.

Recursos

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Audio: La famosa canción “Raiders on the Storm” de The Doors, en versión del cuarteto portugués Corvos.

 

El otro día me sorprendió una repentina lluvia de primavera en un recorrido de unos veinte minutos por mi barrio. Evidentemente no llevaba el paraguas encima, así que tuve que tomar la decisión de desandar lo andado para volver a casa a por el preciado aparejo, o bien seguir adelante sin perder más tiempo. Las prisas y el retraso de mi cita no me dieron opción.

Así que me vi encapuchada en el abrigo (por suerte) y avanzando con rapidez sorteando los charcos y los tramos más resbaladizos de la acera.

 

De pronto recordé que hace muchos años, cuando llovía más a menudo en estas latitudes y un día de lluvia se recibía casi como una opción de ocio en la vida cotidiana (la rutina escolar a veces se hace un poco aburrida, y se agradece cualquier imprevisto), yo y casi todos los de mi tribu (mis compañeras de clase de EGB), éramos verdaderos expertos en la aventura de lograr recorrer el camino sin apenas mojarse. Con un instinto primario digno de estudiarse en un documental, sabíamos exactamente el mejor trayecto a tomar, dónde poner el pie, cuándo situarse debajo de balcones o galerías, y cuando mejor evitarlos para no sufrir goteos agresivos (todo lo contrario que cuando sí estábamos equipados con paraguas, pues escuchar el contrapunto de esas gotas enormes y ruidosas en contraste con la fina lluvia, era un reto que nos llevaba a competir con nosotros mismos en la búsqueda de un ritmo perfecto y excitante).

 

Recordé aquella capacidad infantil, porque ahora me encontraba torpe e inexperta, y dudaba sobre qué camino seguir mientras iba acumulando agua y más agua sobre mi ropa. Me pregunté cómo era posible el haber perdido esa sabiduría, sí, humilde y discreta si queréis, pero que me habría evitado ser víctima inocente del chaparrón.

 

Supongo que el paso de los años, la previsión del parte meteorológico y el acomodo del paraguas plegable, habitante perpetuo de mi bolso, me llevaron a dejar de lado ese instinto de supervivencia seca y a atrofiar mi intuición más primaria.

 

Sin embargo, mientras todo esto pasaba por mi cabeza, comencé a recuperar aquella corazonada de niña que me dirigía por el sendero seguro. Poco a poco supe encaminarme correctamente y logré evitar zonas de peligro inminente. Sí, conseguí desempolvar esa antigua sabiduría primigenia de instinto de protección de forma rápida y eficaz.

 

Esta breve reflexión, se me presentó como una metáfora de vida aplicable, al menos para mí, en muchas situaciones.

Me explico. Me refiero a aquellos momentos o circunstancias que se nos presentan como una dificultad, un conflicto o un problema que tenemos que resolver. La mayor parte de las veces, resulta ser un obstáculo que nos hace perder horas de sueño por pensamientos reiterativos y poco productivos, con un desarrollo cíclico que hace que continuamente estemos dándole vueltas a lo mismo, una y otra vez, sin que en muchas ocasiones podamos vislumbrar un final esperanzador o la luz al final del túnel. Son esos momentos desesperantes en los que nos sabes qué decisión tomar porque ninguna es perfecta, y vacilamos de una opción a otra sin poder sopesar pros y contras racionalmente, sino que nos basamos en sensaciones, hipótesis, miedos, y creencias sobre los demás que nos limitan y que incluso pueden ser consideraciones propias muy alejadas de la realidad.

Esa rueda destructiva un día detiene su movimiento. Todos sabemos que tarde o temprano acabará esta situación, sin embargo mientras estamos ahí, girando hacia un lado y hacia otro, no recordamos que quizás nos encontremos muy cerca de la salida.

Camino seco, camino seguro

La lluvia se me presentó como un problema, un conflicto paralizante y agresivo, pues si no ponía remedio pronto podía causarme el típico resfriado estacional o alguna dolencia peor, además del incómodo malestar de ir por ahí calada hasta los huesos.

Podría haber tomado diferentes decisiones: volver a casa a por el paraguas con la consiguiente pérdida de tiempo, comprar un paraguas en ese momento con la consiguiente pérdida de dinero, cancelar mi cita con la consecuente pérdida para mi vida profesional. Lejos de todo esto, apareció ante mí un farolillo luminoso que me alumbró desde la experiencia de mi niñez. Recuperé cuando lo necesité un conocimiento que tenía acumulado y que desconocía que poseía. En definitiva, utilicé un recurso propio ante la adversidad.

 

Sé que os presento un conflicto muy trivial, insignificante, pero que a mí me ha servido para darme cuenta de que en cualquier situación, por difícil o dolorosa que sea, estoy convencida de que todos guardamos algún recurso utilizable que nos puede ayudar a sobrellevar nuestro camino con todas sus cargas y ligerezas. Es como el cofre del tesoro de las historias de piratas. Puede que no dispongamos del mapa, que nos equivoquemos con el número de pasos a recorrer, que no localicemos correctamente la isla, etc. pero en ningún caso debemos abandonar la búsqueda de soluciones dentro de nosotros mismos. En nuestro interior tenemos nuestra intuición, nuestra experiencia basada en vivencias pasadas y muchísimas más capacidades que quizás desconocemos. Recuerda que siempre te tienes a ti mismo, y que como te conoces tú, no te conoce nadie. Confía en ti y en tus recursos. Si no te sirven para arreglar un problema completamente, seguro que al menos te darán una pista esperanzadora a seguir para salir del atolladero. No desperdicies tus recursos, del tipo que sean, porque todos tenemos un arsenal que es un tesoro.

Habitaciones de niños y adolescentes

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La semana pasada me entrevistaron para el diario Ara, para un reportaje de su suplemento “Criatures” que salió el sábado 10 de septiembre. Os traduzco el texto de la periodista Paloma Arenós:

 

Reportaje publicado el 10 de septiembre de 2011 en el diario Ara

 

A mi manera. Habitaciones con personalidad.

Más allá de los gustos y de las aficiones, que guían a muchos niños y adolescentes en la decoración de sus habitaciones, se debe tener en cuenta el orden, y una buena distribución del espacio ayudan a potenciar el estudio.

Por Paloma Arenós

Foto: Cristina Calderer

 

El deporte, el cine, la literatura, la música y las series de televisión protagonizan las paredes de muchas habitaciones infantiles y juveniles.

            Jordi Lázaro, de 13 años, da la bienvenida a su micromundo con un póster con todo el equipo del Barça de hace dos temporadas, su nombre con letras de madera y dos cromos de fútbol enganchados dedicados a los lugares de origen de sus padres: del Valencia para Esteve y del Salamanca para Teresa. También hay sitio para otro adhesivo de baloncesto, el deporte que practica desde los 6 años. Dentro del dormitorio, en unos nueve metros cuadrados, conviven una cama alta sobre cajones, una mesa de estudio, una silla y diversas estanterías. Hay un cuadrito pintado por su padre, una foto de Jordi en el museo  del Barça, una colección de figuras del Señor de los anillos, algunas medallas de torneos de baloncesto, recuerdos de su paso por la escuela y dos angelitos pintados por su madre. “No la quiero decorar con demasiadas cosas más pues es pequeña. Pero a mi me gusta como está porque es mi espacio, donde me encuentro bien”, explica el estudiante. Reconoce que las habitaciones de sus amigos son parecidas a la suya de medida y “casi nadie cuelga pósters como posiblemente hacen las chicas. No tengo demasiados ídolos, solo el Barça”, subraya.

            Los niños suelen dormir en una habitación decorada por adultos, pero a medida que se van haciendo mayores quieren dejar patente su personalidad e intentan hacer cambios. De pequeños, los personajes de Disney hacen furor. A partir de los 8 años, hay niñas que cuelgan pósters de ídolos como Hanna Montana o Justin Bieber, de personajes de la serie Patito feo, de dibujos animados como Barbie y las hadas de Winx Club. Los niños optan más por ilustrar paredes, corchos o puertas con imágenes de los Gromiti, Harry Potter, Jerónimo Stilton, Phineas y Ferb, así como ídolos del deporte.

 

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Apagar la mente y despertar

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El Feng Shui es una disciplina que implica el mundo físico, ese que existe ahí fuera, y que cada vez percibimos más lejano. Hemos renunciado a esa mitad que también es nuestra: cuerpo y mente, parecen cosas totalmente ajenas, separadas. Estamos tan centrados en el pensamiento, que todo lo que no sea mental o no sea procesado por nuestra conciencia, resulta algo extraño. Nos limitamos a ir al gimnasio, ponernos guapos, hacer dieta, opinar sobre el aspecto de los demás, y sobretodo e irremediablemente, padecer enfermedades. Decimos “me duele la espalda”, como si fuera un accesorio de quita y pon, como si no formara parte de nosotros, o “me da un calambre”, como si un enchufe invisible nos hubiera transmitido un chispazo de corriente. Parece que nuestro cuerpo es nuestro invitado que viene de lejos y se queda de visita por un tiempo, y olvidamos que cuerpo y mente, son el mismo anfitrión. Son las dos caras de la misma moneda, o de otro modo, las dos mitades de una sola unidad que somos nosotros mismos.

 

Mi embotamiento mental llegó a un límite tan extremo y llegué a sentir mi cuerpo tan ajeno que durante un tiempo no supe si tenía frío o calor, si tenía hambre o no, tal era mi desconexión con la parte física de mi persona.

Por suerte para mí, Movimiento Integral vino en mi ayuda y me hizo revertir un proceso tan dañino e insalubre. Muchos de vosotros podéis recurrir a multitud de técnicas o terapias, para gustos, colores. Yo viví y sigo viviendo la experiencia de esta enseñanza que nos ayuda a restablecer la conexión con nuestro cuerpo, entre otras muchas cosas.

www.movintegral.com

 

Una de las prácticas más efectivas para volver a comunicarnos con nuestro cuerpo, es conocerlo, escucharlo, sentir sus señales. Es como volver a hablar con un amigo del que llevábamos años sin tener señales de vida, o como pararnos delante de un escaparate, por cuya acera pasamos cada día sin prestar atención. Un día te detienes ante el cristal y descubres una tienda con mercancías sorprendentes y que responden a cada una de nuestras apetencias. Resulta que habían estado siempre allí, esperándote, y tú sin saberlo.

 

Lo más difícil, sin duda, es prescindir de la mente. Nuestro jefe guardián pasea a sus anchas por su torre de control de falansterio, y sabe de todos nuestros movimientos, se anticipa a nuestros deseos,  incluso nos da órdenes y contraórdenes. Nada se le escapa. Y así ha sido durante muchos años, con lo que se ha convertido en una cómoda costumbre que nos hace funcionar por la vida, trabajar, relacionarnos con los demás, tratar conflictos, etc. todo actuando de forma adecuada y políticamente correcta.

Lo cierto es que no es la única (ni mejor) manera de hacer las cosas. Últimamente habréis oído hablar de la inteligencia emocional. Nunca hasta ahora se ha tenido en cuenta porque al no tratarse de procesos científicamente probados, no formaba parte de la parte verdadera de la vida, y quedaba en la cara oculta de la Luna, como otras muchas cosas. Sin embargo, ahora que la ciencia puede demostrarla (como en muchos casos, la ciencia llega después, a veces con algo de retraso, pero casi siempre llega a las mismas conclusiones), ha sido bendecida, ha dejado de estar marginada y forma parte de nuestro club de amigos.

 

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Las tres suertes

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En la cultura china se dice que nos encontramos influenciados por tres tipos de suerte:

–          La suerte del Cielo.

–          La suerte del Hombre.

–          La suerte de la Tierra.

La suerte del Cielo

Es la energía que recibimos al nacer, la que traemos al encarnar y que nos ha sido dada por el Universo. Esta suerte nos determina profundamente y es difícil de modificar. Nos la da nuestro Padre Cielo (Chien o Qian) y es la que tiene una energía más potente (yang).

Sobre esta energía trata la astrología en general que conocemos en casi todas las culturas.

La suerte de la Tierra

Esta suerte nos influye en nuestro entorno físico y es la más material de todas. Se trata de la energía receptiva y amorosa de nuestra Madre Tierra (Kun). Es una energía débil y pasiva (yin).

Con esta energía es sobre la que esencialmente trabaja el Feng Shui, pues los cambios que podemos ejercer en nuestra vida trabajando el Feng Shui de los lugares que ocupamos, se basan en la modificación de aspectos del mundo material como la decoración, distribución de espacios, formas, colores, materiales, orientaciones, etc.

La suerte del Hombre

Entre el Cielo y la Tierra nos encontramos nosotros, influenciados por los dos pero no determinados sin remedio. La suerte del Hombre es nuestra responsabilidad y es tan importante como las otras dos, así que está en nuestra mano conducir nuestros actos de una manera u otra para lograr nuestros objetivos y también nuestros fracasos, o lo peor, para estancarnos en la comodidad de dejarnos llevar por las suertes que nuestro Padre Cielo y nuestra Madre Tierra nos han dado como regalo tan generosamente.

 

Como podéis ver, la parte que estudia el Feng Shui es tan solo un tercio de los ingredientes de nuestra “Suerte”. Por lo tanto no podemos pretender que tan solo modificando nuestro hogar o negocio según los preceptos del Feng Shui, conseguiremos cambiar nuestra vida. Puede ayudar, sí, pero también influye nuestro destino (Suerte del Cielo) y nuestra actividad diaria (Suerte del Hombre). Para algunos puede ser una mala noticia: el Feng Shui no es la panacea de la suerte, y no es la solución milagrosa que estabas esperando. Sin embargo aquí viene la buena noticia: somos dueños de nuestro destino. Con nuestras acciones y actitudes podemos alterar nuestra suerte. Para algunos aún seguirá siendo una mala noticia porque es muy cómodo esperar a ver llegar lo que venga y decir “qué mala suerte tengo” o “siempre me pasa lo mismo”. Yo pienso que resulta mucho más atractivo pensar que somos responsables de lo que nos pasa, de las personas con las que tropezamos en nuestro camino, de los aciertos y errores que cometemos, etc. Pero bueno, todo esto son matices de apreciación, cada cual que elija su punto de vista.

 

Audio: “Me cuesta tanto olvidarte” (entre el cielo y el suelo), de Mecano, cantada por la trovadora mexicana Alma Teutli.

Feng Shui, ¿qué es eso?

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Puede que os hayáis encontrado ante algún artículo en una revista, o algún libro en una tienda en los que se habla de Feng Shui en el hogar. A primera vista parecería que se trata de una tendencia en decoración acorde con el viraje hacia Oriente que está tomando nuestra cultura (zen, minimal, etc.). Sin embargo yo me empecé a interesar en esta materia no por estas anécdotas, sino por lo profundo de su sabiduría.

En este blog publicaré algunos de los conocimientos sobre Feng Shui que he adquirido a lo largo de los años, en aquellos aspectos que encuentro más reveladores y beneficiosos para nuestro enriquecimiento holístico.

No esperéis encontrar aquí rectas milagrosas como colgar bolitas de cristal o colocar amuletos chinos de dudosa estética. Esta es la parte típica del Feng Shui que más puede llamarnos la atención (con tendencia a la superstición), pero que es mínima en la complejidad de todo lo que abarca el Feng Shui. Yo me decanto más por el fondo de sentido común que radica en esta enseñanza milenaria.

 

Feng Shui en signos chinos

 

Entrando en materia, las palabras “Feng” y “Shui” se traducen como “Viento” y “Agua”. Según el maestro chino Guo Pu (años 276-324), “El Qi se dispersa por el viento y es retenido por la presencia del agua” (en su libro “Zangshu” o “Libro de los Muertos”). De esta manera quedan establecidas las bases del Feng Shui, esto es, buscar un lugar protegido de los vientos violentos (evitar que el viento disperse o esparza el Qi), y que cuente con la presencia enriquecedora del agua (que atrae al Qi). El equilibrio de estos dos factores indicará que nos encontramos ante un lugar adecuado para vivir y desarrollar la actividad humana en unas condiciones óptimas (entendamos Qi como una especie de energía vital que debe fluir libremente para sernos beneficiosa).

Esta manera de establecerse en el territorio no dista demasiado de las utilizadas por otras culturas, incluso la nuestra

Occidental. Por ejemplo, para determinar la mejor ubicación para establecer un poblado romano, lo soldados observaban los lugares en los que los caballos del regimiento pacían de manera natural. Se consideraba que estos lugares elegidos por los animales eran un “buen lugar”.

La búsqueda de este “buen lugar” existe en todas las culturas y queda reflejada en la sabiduría popular. Solo hace falta volver a atender a los experimentados hombres de campo, a los zahoríes, o incluso a nuestro refranero popular (“Labrador astuto no labra tierra que no da fruto”, “Algo tendrá el agua cuando la bendicen”, “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, “En cada tierra, su uso, y cada casa su costumbre”, etc.)

Resulta que esta semilla de conocimiento extendida por todo el planeta tuvo un desarrollo extraordinario en la China milenaria, y es ahora cuando vuelve a nosotros en forma de Feng Shui. Nunca hasta el momento el Feng Shui ha sido tan popular, ni siquiera en China, pues originariamente las exquisiteces de sus conocimientos estaban reservadas para uso y disfrute del Emperador y eran guardadas bajo el más riguroso secreto.

Actualmente todos tenemos acceso a su aprendizaje y podemos estudiar aquellos aspectos que más nos puedan interesar: decoración, aspectos psicológicos, buscar la suerte, curar la enfermedad, mejorar nuestra vida, impulsar nuestro negocio, etc. Sí, de todo ello habla el Feng Shui, y espero que os resulte interesante la selección de temas que expondré en este blog.

 

Audio: “Feng Shui” de Gnarls Barkley

Atreverse a empezar

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En mi paseo habitual, hoy tomé una ruta desconocida, me adentré en un barrio que no había pisado nunca, tan cerca y tan lejos de mi casa al mismo tiempo. Separado por una línea, una calle especialmente transitada y que dificulta la permeabilidad entre mi barrio y el de al lado. Es curioso, porque conozco todos los barrios colindantes al mío, y sin embargo éste era un lugar totalmente inhóspito, tanto, que apenas existía en mi mapa mental de la ciudad que contenía zonas mucho más alejadas.

El caso es que hoy, no sé por qué, atravesé la calle, crucé la línea, y me adentré en un lugar extraño, oscuro, y no demasiado limpio ni perfumado. En definitiva, muy diferente a lo que estoy acostumbrada. Yo seguía a mis pasos, y mis pies me llevaban por calles que no me gustaban, con edificios feos, descuidados y al borde de la ruina. Llegué a sentir miedo. Un miedo muy profundo hacia un terreno desconocido, hacia las personas extrañas que veía, hablando diferentes idiomas y vistiendo raras ropas. Pero era mi momento de experimentar, y no me acobardé, seguí adelante a pesar de todo. Al final de la calle, sorprendentemente, encontré un jardín maravilloso. Un cercado rodeaba un jardín y un huerto con unos pequeños edificios modernistas recién restaurados, y que se me presentaron a modo de casa de golosinas y chocolate. La sorpresa fue mayúscula. Se trata de un recinto con pequeños huertos cuidados por los mayores del barrio. Allí estaban las tomateras, las calabazas, los espantapájaros, las hierbas aromáticas… Desde allí divisaba la gran carretera de entrada a la ciudad (cuántas veces habría pasado por ella y ni si quiera se me habría ocurrido mirar hacia allí arriba donde ahora me encontraba, entonces ese lugar ¡no existía!). Empecé a imaginar a los cuidadores del huerto, preparando el terreno con esmero, incluso enseñando a los niños las prácticas horticultículas más sencillas, un espacio de compromiso y amor hacia la naturaleza, de convivencia y de respeto a la vida. Me sentí reconfortada y pensé que las dificultades del camino habían sido sobradamente recompensadas. En la vuelta hacia mi casa, volví a ver aquellos edificios de una manera diferente, comprendí a las personas, respeté sus diferencias, y sentí el lugar también como mío.

Hoy me enfrenté a mi sombra, a mi lado oscuro, y me di cuenta de que también forma parte de mí y que lo amo.

 

El mínimo impulso de cambiar, de superar un límite, de cruzar la frontera con lo desconocido, debe ser tenido en cuenta, debe ser escuchado. Podemos encontrar un final maravilloso, podemos tener problemas, pero sin duda aprenderemos algo esencial de nosotros mismos. No dejéis de escuchar la llamada del cambio, a veces tu cuerpo te lo pide, te da pequeñas señales luminosas. Yo tan solo tuve que seguir mis pies y dejar de pensar. Aprendí que puedo sentir miedo, pero que esto es transitorio, lo importante es empezar, atreverse, y aquí nace este blog que llevaba meses hibernando. Meses de indecisión, de temores, que hoy finalmente se han deshecho, disueltos como niebla frente el Sol.

Os invito a compartir esta aventura conmigo, a motivarnos y preguntarnos mutuamente, a sorprendernos y a aprender. Sé que hay cosas más científicas, otras más esotéricas, otras más culturales, otras más personales, porque creo que todas ellas están relacionadas y son diferentes facetas de la misma piedra preciosa ¿Os atrevéis a acompañarme en esta aventura? Desde aquí os doy la más cordial bienvenida a todos y todas.

Audio: “Me llamas” de José Luis Perales, cantado por el bachatero dominicano Héctor Acosta.